AJAREPEDIA: A de Almirante Graf Spee

La elección del juego puede parecer un poco rara y no deja de ser curioso que sea una obra menor aquella que me viene a la mente cuando pienso en los videojuegos como una forma de entretenimiento social. Como tampoco deja de ser curioso que de entre todos los juegos de aquel Amstrad CPC 464, el más recordado sea precisamente el de jugabilidad más farragosa. Evidentemente, todo ello es por una razón.
Esta es la única forma que se me ocurre de honrar la memoria de mi recientemente fallecido tío Pedro. Espero que sepáis perdonarme la libertad que me he tomado al haceros leer una cosa así en el segundo párrafo, pero para mí es necesario dejarlo claro ahora y poder continuar con el resto del texto sin tener en mente por qué las circunstancias hacen de esta ajarepedia algo mucho más personal o intransferible que las anteriores.
No es que mi tío fuera un dechado de virtudes como hombre, si es que algún hombre lo es, pero tampoco hizo nunca muchos méritos para alcanzar sus sueños. Lo mejor que puedo decir de él es que me enseñó el adulto en el que yo no quería convertirme.
Pero tampoco quiero ser injusto, aunque no tenga muchas cosas que agradecerle, sí que puedo decir que al menos, parte de su amor por el mar y la Marina me marcó durante mucho tiempo y me influyó sobremanera en mi aproximación a la historia del siglo XX. Por él y por todos aquellos que nunca hicieron lo que perjuraban que querían hacer, comenzamos.

Hace casi 100 años, se firmó el Tratado de Versalles, considerado punto y final de la Primera Guerra Mundial y, en contrapartida, inicio de lo que sería la Segunda Guerra Mundial. Dicho tratado retrataba a los alemanes como la escoria que había provocado una guerra que había dejado Europa hecha unos zorros. Franceses e ingleses, sobretodo estos últimos, se daban golpes en el pecho proclamando su absoluto desprecio por la sanguinaria guerra a la que se vieron abocados. Si tienes algo de autoestima, a estas alturas ya habrás cogido un libro o estarás mirando la Wikipedia para leer algo más sobre el asesinato de un Archiduque, sobre los Balcanes, las luchas de poder geopolíticas y los hijos que se presentan voluntarios para irse al frente a que los destripen con una bayoneta de medio metro.
Sea como sea, el Tratado de Versalles obligaba a Alemania a renunciar a tener por siempre jamás un ejército en condiciones. Se les limitaba el número de soldados, de bombas, de barcos, de tanques, de aviones, de pasos en los desfiles militares, en fin, que se intentaba garantizar que los pérfidos alemanes nunca más pudieran iniciar un conflicto bélico. Tamaña hipocresía fue utilizada años más tarde por un pintor austríaco de tercera fila para convencer a los alemanes de que el único judío bueno era el judío muerto.
Eventualmente, la economía alemana de post-guerra tampoco estaba como para ir despilfarrando, así que tuvieron que usar el tan cacareado I+D para seguir construyendo armamento, pero cumpliendo con las limitaciones impuestas. Estos precursores de lo que sería años más tarde la FIA y su reglamentación, con Max Mosley a la cabeza, empezaron a interpretar de manera bastante ingeniosa lo que querían decir los ingleses cuando daban las medidas máximas que un barco de guerra alemán de nueva factura podía tener. Recordemos que el Imperio Británico dominaba el mundo gracias a su Armada y, por lo tanto, no les hacía ninguna gracia que otro país les discutiera esa supremacía. Así pues, los ingenieros navales alemanes se sacaron de la manga la expresión acorazado de bolsillo para una de sus creaciones más brillantes, el buque “Almirante Graf Spee”. El adjetivo de bolsillo les pareció muy gracioso a los ingleses. Primer error. A los franceses les daba igual porque estaban ocupados gastándose un dineral en levantar la línea Maginot, un invento que sobre el papel parecía buena idea, pero que una vez bajo las orugas de los panzers se demostró que no tenía ningún sentido, pero oye, con la de cemento que metieron ahí seguro que alguien pilló comisiones.
Hay que entender que un acorazado, por más de bolsillo que sea, sigue siendo un hijo de mala madre de los siete mares, sobretodo para los transportes de mercancías. Tema este que adquirió una nueva dimensión cuando los ingleses se dieron cuenta de que vivían en una isla y que necesitaban un suministro constante de provisiones desde el exterior. Segundo error.
Además, los ingleses subestimaron la potencia de fuego, el diseño y la velocidad del pocket battleship, pensando que cualquier barco que ellos enviaran podría mandar a pique al orgullo de la disminuida Kriegsmarine, la cual no podía, ni en sueños, competir con los descendientes de Nelson en adiestramiento de marineros. Tercer error, y tal vez el más ligado a la ingeniería. Recordemos que los primeros barcos pesados en equipar los motores Diesel fueron, precisamente, los acorazados de bolsillo. La enorme ventaja que suponía para unos barcos limitados en tonelaje de no depender de la fuerza de remo de 100 esclavos o de 40 galeses metiendo carbón en calderas, hacía que la distribución del espacio, el peso, la velocidad y la autonomía de estos buques de guerra fueran radicalmente diferentes de las de sus competidores.

Mientras Hitler escupía capellanes sobre sus cada vez más nutridas audiencias e ingleses y franceses miraban para otro lado, el Graf Spee entraba en servicio con una tripulación muy preparada al mando de la cual estaba Hans Wilhelm Langsdorff, veterano de la Primera Guerra Mundial. Las costas de España fueron el primer test para el acorazado, del mismo modo que los cielos de nuestra piel de toro fueron los campos de entrenamiento de los pilotos alemanes e italianos, aunque estos últimos solían darse por satisfechos si despegaban y aterrizaban sin problemas.
Poco antes de iniciarse la 2GM, el Graf Spee es enviado a las aguas del Atlántico Sur para empezar a hundir los mercantes de los países enemigos con tal de afectar las líneas de suministro. A buena fe que se desempeña con notable éxito en la tarea, cosa que hace reaccionar a los ingleses y los empuja a tomarse en serio la tarea de eliminar a ese molesto incordio que nos priva de recibir petróleo de esos países tercermundistas a los que llamamos colonias. Lamentablemente para la historia de la Marina inglesa y también para la alemana, el final del acorazado de bolsillo viene más bien determinado por la labor de diplomacia que por acción directa de las bombas. Fueron tres los navíos que plantaron cara al Graf Spee y aunque este se defendió como gato panza arriba, no pudo evitar que le cayeran un par de obuses en sitios inoportunos. Se vio obligado a retirarse hasta Montevideo para hacer reparaciones, pero como Uruguay era pro-británica, hubo que tomar la decisión de encaminarse a Buenos Aires, ya que Argentina simpatizaba más con Alemania. El problema fue que el camino era largo para las avería sufridas, finalmente, se toma la decisión de sabotear el barco y hundirlo. Huelga decir que el capitán se metió en el cráneo su correspondiente dosis de orgullo germano en forma de plomo del doce largo.
Todo este tema, a algunos les ha podido parecer interesante, a otros un rollazo, a mi me apasiona la historia, y entre otros factores, el hecho de que me guste leer cosas sobre señores que ahora mismo no son más que polvo, sobre imperios que ya no existen y sobre guerras que aun se están librando, vino motivado por la influencia de un par de mis tíos, coleccionistas de revistas como NAM, y apasionados de la Marina. Probablemente, ninguna de sus aficiones hubieran calado en mí si no hubiéramos encontrado algo en común con lo que relacionarnos. Ese algo fue un videojuego.

El juego Almirante Graf Spee de venía de serie junto con otros juegos míticos de Amsoft en la compra de un Amstrad CPC 464. No era de mis favoritos, más que nada porque el Oh Mummy! me consumía todo el tiempo. Sin embargo, un día que andaban por casa dos de mis tíos, se fijaron en la cassete del juego y me obligaron a ponerlo. Una hora después andaban pegando gritos en mi habitación y lanzándose cubos de agua con sal a la cara para ponerse en situación. Hoy en día todavía pienso que esas letras góticas en la portada y las esvásticas de la contraportada se la puso pendulona a los dos, pero ellos siempre dijeron que fue porque conocían la historia real del barco.
En un contexto en el que el tiempo de carga de un videojuego podía llegar a los 15 minutos y que tenía que competir contra los partidos de fútbol, las guerras a pedradas, el levantamiento de faldas pre-púberes, los juegos de cartas, la peonza, las canicas y la masturbación, podéis entender que el videojuego tenía que ser muy bueno para que le dedicara parte de mi ocupada agenda. El “Graf Spee” no lo era, al menos no en el sentido en el que tratábamos a los juegos por aquel entonces. Se buscaba una experiencia sencilla y directa, al igual que la de las máquinas recreativas, no podíamos ni queríamos malgastar ni un momento en intentar comprender mecánicas más complejas. Qué esperabais, éramos todos unos casuals.
El mecanismo del juego no era complicado. Podíamos manejar el barco en la dirección de los ocho puntos cardinales, teníamos una tecla para aumentar la velocidad y otra para reducirla, otra tecla nos permite rastrear al enemigo. Para cuando entramos en combate todo se reduce a dos teclas: cañones y torpedos. Nada excepcional como podéis ver, además la interfaz del juego ya es lo suficientemente explicativa como hasta para que adolescente hiperhormonado pueda centrarse un segundo en aprender los controles. No es, desde luego, una situación comparable a la de otros títulos de aquella época, en la que ni se molestaban en ponerte en el manual del juego las teclas de función, la historia o, en casos extremos, ni siquiera el objetivo. Luego tenias a otros como Dinamic, que te explicaban con todo lujo de detalles el cómo, el qué y el por qué, y luego te penalizaban cada vez que fallabas un salto por una micra.

Tanto el buque “Graf Spee” como, posteriormente, los submarinos alemanes eran vulnerables debido a que sus líneas de suministro quedaban como aquel que dice, donde Cristo dio las tres voces, por ello era necesario recurrir a buques cisternas para poder reabastecerlos en la misma zona de operaciones. Esto mismo se recrea en el juego, haciendo que el jugador deba estar muy atento a los niveles de combustible y a los torpedos disponibles, ya que quedarse a cero equivale al fin de la partida y a un azote en el culo por parte de Hitler. Por mucho que pueda sonar raro, este componente realista sitúa al juego al borde de lo que se consideraba simulación naval en la época. Y por otro lado, no es nada fácil encontrar un juego en el que el “protagonista” exhiba un punto débil tan grande de una forma tan descarada. Además, la simple búsqueda de barcos mercantes para eliminarlos sería tremendamente aburrida si tuviéramos recursos infinitos.
Una partida típica comienza con mucho entusiasmo y ganas de hundir cuanto más tonelaje mejor. Los buques enemigos aparecen como puntos parpadeantes en el mapa, con un intervalo de un par de segundos entre parpadeos, Evidentemente, el objetivo del juego es sólo darnos una pista de hacia dónde dirigirnos, la trampa es creerse que vamos a llegar rápidamente a interceptar a uno de esos puntos y por consiguiente, damos la orden de ir a toda máquina. Para cuando damos alcance a un barco, ya hemos perdido parte de nuestras reservas de combustible lo que nos sitúa en una posición delicada. Y entonces llega la parte que más hemos ansiado alcanzar: los mamporrazos.

Los barcos enemigos los vemos aproximarse por la línea del horizonte muy despacico, primero unas volutas de humo, luego una columna bien formada, un poco de la silueta, el casco algo más definido, y así hasta que ya lo tenemos a tiro, porque los 20 cañonazos y 10 torpedos que has lanzado antes no es que se hayan quedado cortos, es que les ha faltado un mundo entero para alcanzar el blanco. En el momento en el que ya tenemos la presa bien enfilada podemos empezar a disparar como posesos, dado que no queda claro qué tablas de tiradas y daños sigue el juego, sólo podemos decir que en algún momento acertaréis al barco y lo hundiréis. Lo que pasa es que todo son risas nazis hasta que te topas con un carguero armado o un buque de guerra, entonces sí que empezarás a apretar furiosamente la tecla de lanzar torpedos mientras tu porcentaje de daño va subiendo a medida que algún travestido capitán de fragata inglés te va enfilando con sus cañones. Ese es sin duda el momento ideal para huir. Ya sabéis que quien lucha y huye vive para combatir otro día. Y así, con esta táctica tan poco viril, podemos tener alguna esperanza de volver a nuestro país con honores y cambiar la historia.

Las puntuaciones se basan en el tipo de barco hundido. Por mucho que presentes una hoja de servicios con 10 hundimientos confirmados, si resulta que te has dedicado a volar por los aires a todos los barcos de de pesca sudafricanos que te has encontrado, entonces no esperes más que unos míseros puntos y a lo sumo, una Cruz de Hojalata.
El objetivo final del juego, esto es: hundir todo el tonelaje posible y regresar vivos a casa, siempre fue misión imposible para mi particular tripulación. Nunca hubo un escalafón de mando que todos entendiéramos y muchas veces acabábamos peleándonos por decidir a por cual presa ir. Igualmente, en las reuniones familiares, sobretodo en Nochevieja, se empezó a ver como una descortesía que nos encerráramos en mi habitación a dar voces y gritar cosas como: “Torpedos, necesitamos torpedos”, mientras el resto de la familia esperaba las doce campanadas.
Finalmente, dejamos de jugar juntos y nunca hubo otro juego que hiciera que mis tíos vinieran a casa. Cosa que agradezco de todo corazón porque, a buen seguro, no hubiera sido lo mismo.
26 comentarios en “AJAREPEDIA: A de Almirante Graf Spee”
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Por: Mr. Red





Buenisimo el Post, quien iba a decir que los videojuegos iban a servir para aprender algo.
Yo al úunico juego que he jugado parecido era uno de cuyo nombre no me acuerdo de manejar un submarino americano en aguas japonesas. Mi único modo de sobrevivir el conflicto hasta el final era rehuir todo combate hasta 1945.
Una pregunta, si el acorazado de bolsillo fue tan buena idea… ¿No hicieron mas?
Solamente unos pocos elegidos, entre ellos Mr. Green podría hacer de esta manera, tal especialísimo homenaje a este juegako al que dediqué incontables horas. Ahora al ver alguna de las imágenes no he podido más que soltar una pequeña lagrimilla, ah no espera que era una mota de polvo.

Amos, no me jodas. ¿Solo 3 comentarios? ESTAMOS IDIOTAS?
Mr. Green: divórciese y despóseme RITE NAO. Brutal es poco.
PD: Yo siempre fuí más de Mode0 en el CPC, con los caracteres A LO FURRO
PD2: ahora quiero echarme una partida al CAULDRON, joder….
Pues éste no lo caté yo. Pero la clase de historia es impagable, hoygan
Por cierto, Mr. Red, ese jueguico de submarranos es ni más ni menos que Silent Hunter (el 1). Nota curiosa: tenía final. Con video, créditos y todo. Mi señor padre lo sacó tras la friolera de 1 año jugando. Daba gusto verle, se encogía con las cargas de profundidad y todo. Sólo le faltó obligarme a poner una luz roja en el cuarto para darle ambiente….
Madre mía, una historia muy similar, pero que MUY SIMILAR, puedo contar yo del NIGHT GUNNER http://zxspectrumgames.blogspot.com/2009/05/zx-spectrum-games-night-gunner.html
En NAvidades, con mi tío y mi primo a los quye casi ni he vuelto a ver y pilotando el lancaster.
http://en.wikipedia.org/wiki/Avro_Lancaster
Grandísimo articulo, verde. Muchas gracias.
Mr. Pink:
Hablando del Lancaster: http://es.wikipedia.org/wiki/Nick_Alkemade
La potra que tuvo este fulano es indescriptible.
Mr. Red:
Acorazados de bolsillo, Alemania hizo un porrón, lo que pasa es que me temo que al final todos los buques quedaron obsoletos en cuando salieron los portaaviones.
A todos los demás:
Gracias mil.
Buen artículo, muy nostálgico (miedo me poner un emoticono, quiero poner el del cabezón mirando abajo y juntando los diditos)
.
Que gratos recuerdos traen los juegos cuya ambientación la poníamos en familia.
Hala ya me ha salido el emoticono que le ha pasao por los cojones, como molan estos emoticonos sorpresa.
Madre mía Verde, ese fulano tenía el idbeholdv activado de serie.
conocia la historia del alkemade este, pero no sabia la potra que habia tenido tras la guerra, y encima muere de causas naurales, me lo imagino en la cama asi
Updateo diciendo que cuando los nazis se encontraron a alkemade, tras pensar que estaba en shock lo tomaron por espia, lo que conlleva pena de muerte inmediata. Pero se libró del tema como dice la wiki tras aparecer los restos del avion, y dicen las malas lenguas que los alemanes preguntaron a los ingleses mediante sus espias si de verdad ese tipo iba en ese avion, dado que no podian saberlo con certeza. Cuando los ingleses confirmaron enviando su ficha de soldado le soltaron enviandolo a inglaterra con la famosa biblia. Cuando este contó que le habian soltado, los ingleses lo tomaron por un traidor, cosa bastante logica por otra parte, y pese a la biblia le miraban con reticencia. Asi que los alemanes enviaron una carta firmada por un oficial de alto rango confirmando lo que mister alkemade les habia contado.
Pues yo de ese estilo de recuerdos tengo el de jugar en navidades con la familia a la nueva Ninpondo que me habían regalado (éramos así de pobres, con una réplica china). Concretamente a un juego estilo Arkanoid en el que Mario (o Luigi) se metía dentro de la barra por una cremallerita y cuando la bola caía Mario saltaba al vacío suicidándose cual Lemming.
Sobre este tipo de juego he de decir que yo estuve enganchado al Silent Hunter 2 pero en modo gay, es decir, con disparo de torpedos asistido ya que calcular trayectorias y tiempos con papel, lápiz, escuadra y regla nunca fue lo mío por mucho que me mole la simulación. Eso sí, lo bien que lo pasé surcando los mares subido a cubierta con las olas chocando sobre esta mientras escuchaba la banda sonora de “Das Boot” no me lo quita nadie, ¡qué emociones más grandes!
Otro update con alkemade que difiere un poco de la historia que yo me sabia:
UN SALTO DESDE 6.000 METROS SIN PARACAÍDAS
La Segunda Guerra Mundial ofrece un buen número de sucesos que pueden calificarse de inverosímiles. Pero, de entre todos ellos, es posible que el que más merezca el adjetivo de increíble sea el que le sucedió al aviador británico Nicholas Alkemade en la noche del 24 de marzo de 1944.
La historia comienza ese 24 de marzo, cuando el 115º Escuadrón aéreo de la RAF se dirigía a Berlín para llevar a cabo una misión de bombardeo. Uno de los aviones que lo integraban era un Lancaster llamado S for Sugar, llevando en sus bodegas las seis toneladas de bombas que tenía que arrojar sobre la capital del Reich. En total, 300 bombarderos pesados se dirigían a Berlín a una altitud de 6.000 metros y a una velocidad cercana a los 400 kilómetros por hora.
El despegue y el trayecto sobre el mar discurrieron sin novedad, pero al aproximarse a la capital germana el panorama cambió bruscamente. Un centenar de cazas de la Luftwaffe salieron al encuentro de la formación de bombarderos. Los reflectores y la artillería antiaérea completaban las defensas alemanas ante el ataque aliado.
En el interior del S for Sugar, todos los tripulantes se dispusieron a afrontar el reto de defenderse de los cazas germanos. La mayor responsabilidad recaía sobre el artillero de cola, en este caso el sargento Nicholas Alkemade, de tan sólo 21 años. Su misión era manejar cuatro ametralladoras de 7,7 mm de las ocho con las que contaba el Lancaster.
Aprisionado en una pequeña cabina de plástico transparente, no disponía de espacio ni para llevar el paracaídas puesto. Si había que escoger un lugar dentro del avión, es posible que ése fuera el menos solicitado. Además de la soledad y la incomodidad que se experimentaba en ese puesto de combate, los aviones alemanes solían iniciar el ataque a los bombarderos por la cola, por lo que el artillero de cola era el primero en recibir la bienvenida.
Berlín ya estaba debajo de ellos. Cada uno de los 300 aviones abrió sus compuertas y las bombas comenzaron a caer sobre el casco antiguo de la capital, la zona que ofrecía mejores condiciones para que las bombas incendiarias encontrasen el combustible necesario para crear una tormenta de fuego. Después de arrojar su carga mortífera y defenderse con éxito de los cazas alemanes, el S for Sugar giró para emprender el camino a casa. La misión estaba cumplida.
Pero un solitario Ju-88 que merodeaba por la zona avistó al confiado Lancaster sobre la medianoche. Sus disparos impactaron en el fuselaje y en la cabina de plástico de Alkemade, pero el joven sargento reaccionó a tiempo y dirigió sus ametralladoras contra el bimotor germano. Una ráfaga logró incendiar el motor izquierdo del Ju-88 y éste cayó en picado. ¡Lo había conseguido!
Alkemade respiró profundamente, aliviado por haberse librado de ese inesperado enemigo, pero de repente le llegó la voz del piloto: “¡Hay que saltar! ¡Vamos, fuera, fuera!”
Mirando hacia atrás, vio que el aparato estaba en llamas. El ataque del avión alemán había incendiado el Lancaster. Moviéndose con dificultad para salir de su cabina, Alkemade intentó alcanzar su paracaídas, pero éste comenzaba a ser pasto de las llamas. ¿Qué podía hacer?
Mientras veía como sus seis compañeros saltaban en paracaídas, él asumió que su final había llegado. El avión comenzaba a caer y él estaba allí, en su interior. El fuego estaba a punto de llegarle. Sentía en su rostro el calor de las llamas… Instintivamente, pensó que lo único que podía hacer era saltar. Al menos, no había duda de que su muerte sería instantánea. Más tarde, confesaría que lo que le animó a lanzarse al vació fue el convencimeinto de que “más vale una muerte rápida y limpia que asarse”.
Así pues, se tiró boca arriba, mirando al cielo estrellado. En ese momento no experimentó temor ante la muerte cierta que le esperaba, sino de tranquilidad. En las declaraciones que realizó posteriormente aseguró:
“Tuve una sensación parecida a la de acostarme en una nube, tumbado en un colchón muy blando. La verdad es que no tuve la impresión de estar cayendo. Recordé que sólo faltaba una semana para disfrutar de mi permiso y que ya no volvería a ver jamás a mi novia Pearl. De todos modos, pensé que si eso era la muerte, tampoco era tan malo…”.
Alkemade ya no recordaba nada más. Perdió el conocimiento debido al cambio brusco de presión. Cuando volvió en sí no tenía ninguna duda; estaba ya en la otra vida.
En cuanto recuperó totalmente el conocimiento, intentó buscar una explicación lógica a lo que le había ocurrido. Lo más probable es que cayese sobre las copas de aquellos árboles. Finalmente, la nieve, de medio metro de espesor, le ayudó a amortiguar su caída.
Aún así, el aviador creyó que seguramente tendría algún miembro roto. Comprobó la movilidad de brazos y piernas y tan sólo advirtió una fuerte torcedura en su rodilla derecha que le impedía ponerse de pie. Su cuerpo presentaba ligeras quemaduras por el incendio del Lancaster, además de algunas rozaduras por el fuerte impacto con las ramas de los árboles, pero nada grave.
Había logrado salvar la vida, pero ahora debía plantearse lo que debía hacer. La noche era bastante fría y su traje de aviador no le protegía lo suficiente para permanecer mucho tiempo allí, sobre la nieve. Pensó que la mejor opción era ser capturado como prisionero de guerra, así que sacó su silbato y lo hizo sonar para atraer la atención de los alemanes.
Al cabo de un rato, un grupo de hombres armados aparecieron y lo encontraron allí, fumándose un cigarrillo. Por señas, Alkemade les indicó que había saltado de su avión, pero los alemanes le preguntaron por su paracaídas. Al decirles que se había lanzado sin él, creyeron que les estaba tomando el pelo y que en realidad se trataba de un espía. Al intentar levantarlo, el fuerte dolor que sentía en la rodilla, unido al frío y a las fuertes impresiones que había sufrido, le hicieron perder de nuevo el conocimiento.
Cuando se despertó, se encontraba en la cama de un hospital de Berlín. Los doctores le preguntaron cómo había ido a parar a aquel bosque. Alkemade les respondió la verdad, pero no le creyeron; o bien aquel aviador era un espía, o bien se encontraba bajo los efectos de algún shock temporal que le llevaba a decir aquella incongruencia.
Una vez recuperado, el sargento británico fue conducido al campo de prisioneros de Dalag Luft, cercano a Frankfurt. Allí fue sometido a interrogatorios para que confesase la verdad. Los alemanes estaban convencidos de que se trataba de un agente infiltrado en la retaguardia y el castigo para los espías era la muerte. Pese a las amenazas, Alkemade seguía defendiendo que había sobrevivido a un salto desde 6.000 metros, lo que acabó por desesperar a sus interrogadores.
El británico comenzó a ser consciente de que su vida corría peligro. Sus captores ya estaban cansados de escuchar una y otra vez su increíble versión y no tardarían en mandarlo ante un pelotón de ejecución. Pero la fortuna se alió de nuevo con él; le llegaron noticias de que habían sido hallado el fuselaje del Lancaster.
Si los alemanes querían comprobar si su historia era verdad, tan sólo tenían que ir hasta allí y buscar los restos del paracaídas al lado de la cabina de cola. De todos modos, existía la duda de que el paracaídas se hubiera quemado por completo, pero había que correr ese riesgo. Era la única posibilidad de demostrar que lo que decía era cierto y que, por lo tanto, no era un espía.
Pese a la insistencia de Alkemade, los alemanes se negaron a prestar la más mínima credibilidad a su historia y a acudir a revisar el bombardero. Afortunadamente para él, un teniente llamado Hans Feidel decidió desplazarse a los alrededores de Berlín para inspeccionar el Lancaster. Para su sorpresa, junto a la posición del artillero de cola, ¡estaban los restos de un paracaídas!
Feidel regresó rápidamente a Dalag Luft y allí compararon los correajes del paracaídas con los del traje de vuelo de Alkemade. Ambos coincidían, así que el británico había dicho la verdad. Los técnicos de la Luftwaffe, incrédulos, llevaron a cabo todo tipo de comprobaciones y todas llevaban a un mismo punto; la hazaña del aviador era cierta. A partir de ese momento, los mismos alemanes que habían tratado al sargento como un espía pasaron a considerarle como un héroe.
Sus compañeros de cautiverio, que tampoco le habían otorgado demasiada verosimilitud a la historia, lo convirtieron desde entonces en un mito viviente. Convencidos de que Alkemade, cuando regresase a Gran Bretaña, tendría que enfrentarse a la incredulidad de sus compatriotas, decidieron escribir en las tapas interiores de una biblia un certificado de que su historia era totalmente cierta:
“Dalag Luft, 25 de abril de 1944″.
“Las autoridades alemanas han investigado y comprobado que las declaraciones del argento Alkemade, 1.431.537 de la RAF, son ciertas en todos sus aspectos. Realizó un descenso de 6.000 metros sin paracaídas, al haber ardido en el interior del avión, y llegó a tierra sin sufrir heridas de importancia. Cayó en la nieve despues de amortiguar su caída gracias a unos abetos”.
Esta declaración estaba firmada por el teniente H. J. Moore, el sargento R. R. Lamb y el sargento T. A. Jones, que daban fe de su extraordinaria hazaña.
Alkemade regresó a su país en mayo de 1945, concediendo una multitudinaria rueda de prensa en Londres para explicar los pormenores de su insólita experiencia.
Pese a ser un héroe, después de la guerra tuvo que trabajar en una fábrica de productos químicos. Aunque parecía que su regreso a la vida le iba a garantizar una vida más tranquila, la proximidad de la muerte volvió a cruzarse en su camino, pero de nuevo la suerte acudió en su ayuda.
En una ocasión, una viga de acero de más de cien kilos de peso cayó sobre él. Rescataron su cuerpo de debajo de la viga, creyendo que estaba muerto, pero se quedaron perplejos al comprobar que, aunque estaba inconsciente, tan sólo presentaba una pequeña herida en la cabeza de la que se restableció al poco tiempo.
En los años siguientes sufrió otros dos accidentes de trabajo que estuvieron a punto de acabar con su vida. Una vez sufrió quemaduras con ácido sulfúrico, de las que también pudo restablecerse, pero más tarde pasó por otra prueba; recibió una descarga eléctrica que le hizo caer en un depósito de cloro. Allí respiró sus gases durante casi un cuarto de hora, pero fue rescatado a tiempo.
Ninguno de estos tres accidentes pudo segarle la vida. Sin duda, no era nada fácil acabar con alguien capaz de sobrevivir a un salto desde seis kilómetros de altura…
Antes y después de Alkemade se han documentado otros casos de sobrevivientes en caídas al vacío, como le ocurrió a Vesna Vulovi?, la azafata serbia que, en 1972, sobrevivió a una caída de más de 10.000 metros cuando el avión en que volaba estalló en el aire a causa de una bomba colocada por extremistas croatas.
Y de paso pongo otro que casi no tenia suerte:
Alan Magee
Alan Eugene Magee fue otro sobreviviente de una gran caída producto de la infinidad de aviones derribados durante la SGM. Cañonero de un B-17 FF de la USAF, obtuvo varios premios y reconocimientos gracias a la espectacular caída en la que se vio envuelto. Sirviendo como cañonero fue en 1943, mientras volaba una misión sobre Saint-Nazaire, que su aeronave se vio derribada por los temibles cazas alemanes.
El daño al avión fue crítico, sin un ala comenzó a girar descontroladamente cayendo a la tierra a manera de tirabuzón. Alan logra escapar de la torreta de fuego y saltar del avión a unos 6700 metros de altura. Sin embargo, mientras caía, nota lo peor: el paracaídas estaba prácticamente destruido. La altitud lo llevó a perder el conocimiento, con el curioso resultado de caer sobre el techo de vidrio que formaba la terraza de la estación de ferrocarril de Saint Nazaire. Según se cree, el vidrio se flexionó y ejerció resistencia al mismo tiempo, aminorando la velocidad de caída de Magee lo suficientemente como para que este pudiera sobrevivir al golpe.
Capturado por los alemanes, se le ofreció atención y tratamiento médico suficiente como para salvarle la vida. Padecía múltiples heridas, no solo de la caída sino que además tenía varios fragmentos del fuselaje de la nave incrustados en su cuerpo y múltiples quemaduras. Las heridas iban desde sus ojos hasta un brazo que estaba prácticamente desmembrado. Sin embargo, Alan sería liberado al terminar la guerra y viviría hasta la edad de 84 años.
La Ninpondo/Nasa:
Qué grande, hostia!
se aprenden muchas cosas leyendo esto, gracias.
Madre mía cómo destruyó mi amor propio de joven retard ése juego. Los votos que yo soltaba jugando harían llorar a los ratkids del jalo.
Construyeron 3 acorazados de bolsillo: Deutschland (posteriormente Lutzow para que los aliados no pudieran destruir un buque con el nombre del pais). Participó en el “bloqueo” a España durante la guerra civil (Bloqueo a la República más bien). La República intentó hundirlo para involucrar a Alemania (ya bastante “involucrada”; Legión Condor etc…) y por ende al resto de las potencias europeas en la guerra. En respuesta bombardeo creo que Almeria matando a bastantes civiles. Los otros dos eran el Admiral Graf Spee y el Admiral Scheer. Tuvieron utilidad al principio de la Guerra como corsarios, pero a medida que avanzó esta, y los aliados se pusieron las pilas, apenas pudieron salir de puerto (Los 2 supervivientes, no el Graf Spee obviamente).
Saludos (… y a ver cuando hablais del World of Tanks, que es una pasada)
¿El Graf Spee no fue hundido por su tripulación tras permanecer tres días (O una semana, o algo así) en un puerto Argentino en el que pidió asilo mientras los tres barcos que se mencionan esperaban… “pacientemente”? O sea, hundido en el mismo puerto, no de camino a él, digo.
Genial post, como ya han dicho. Todo lo que sea historia, sobre todo del siglo XX, la recibo con los brazos abiertos; es uno de mis temas favoritos. La historia del tipo este que sobrevivió a una caída de 6000 metros no la conocía, y joder, es increíble.
_______________
Sobre el juego en sí, y viendo como están ahora las cosas… ¿Costaría hacer un “remake” algo más serio del juego? Algo en plan sandbox (waterbox, más bien xD) en el que tienes una “zona de operacione” con unos cuantos puertos donde refugiarte y otros puertos considerados “enemigos”, y con el objetivo de hundir cuantos más barcos británicos mejor. Con jarfikazorls sería la releche, sobre todo ahora, que casi no hay juegos de barquitos.
Ha probado usted los Silent hunter ¿no?
Jrandísima ajarepedia y jrandísimos aderezos en forma de comentarios. Más a mi que me encanta la IIGM
Neurus_Ex dijo:
No, atraco en montevideo, aqui la batalla entera: http://es.wikipedia.org/wiki/Batalla_del_R%C3%ADo_de_la_Plata
Otro barquita nazi bien majo fue el bismarck: http://es.wikipedia.org/wiki/Acorazado_Bismarck
Repsando lo escrito veo que es posible llevar a confusión cuando digo aquello de que la travesía de Uruguay a Argentina se le hizo imposible al Graf Spee. No es que el barco se hundiera en alta mar, es que ya veían claro que no llegarían a Buenos Aires con los daños que habían sufrido, así que hundieron el barco ellos mismos al poco de levar anclas.
Siento discrepar Mr Green, porque tu explicación ha sido soberbia, pero no es que el Graf Spee no pudiera llegar a Buenos Aires, ni siquiera que no pudiera enfrentarse y hundir con sus cañones de 280 mm al Achilles, Ajax y Exeter (aunque creo que se les unió otro crucero más) que iban armados con cañones de 150 y 200 mm. Sobre todo fue a causa de un triunfo de la propaganda (Inteligencia) británica que le hizo creer que había un acorazado de refuerzo con ellos (ante el que el acorazado de bolsillo estaba totalmente indefenso). Ante esta eventualidad Langsdorff no quiso sacrificar en balde a su tripulación, hundió su buque y se pego un tiro.
Toda la historia es digna de una película (que de hecho existe y es bastante buena). Al principio los ingleses querían que saliera de Montevideo a toda pastilla para que se lo cepillaran sus barcos, pero se dieron cuenta de que no estaba tan dañado como para derrotarlo, con lo cual intentaron retenerlo en puerto para que llegaran refuerzos (todo ello basándose en las leyes navales internacionales).
Un saludo
Buenas lolero.
El Graf Spee podía haber salido airoso de su enfrentamiento con Achilles, Ajax y Exeter por, como bien señalas, pura potencia de fuego. Sin embargo, las críticas a posteriori (como siempre) a la actuación alemana, señalan la dispersión de dicha potencia de fuego entre los tres blancos como la cusa de que el Graf Spee no sentenciara rápidamente la batalla. Si se hubiera concentrado en un blanco cada vez, es muy posible que no hubiese sucedido lo que pasó. Pero claro, nunca podremos saberlo.
Hasta donde yo se, las leyes navales internacionales obligaban a Uruguay a permitir durante 72h que el Graf Spee fondeara en puerto, pero pasado ese tiempo no querían saber nada del barco alemán. Sea como sea, el Graf Spee estaba obligado a salir de puerto. Quizás creyeran que con los desperfectos que tenían, creo recordar que toda la cocina quedó reducida a la nada, no podrían hacer el viaje y además enfrentarse a los posibles enemigos que les esperaran. De ahí que prefirieran hundir el barco y ser rescatados por barcos argentinos.
Corresto total. Creo recordar que primero trataron de que saliera de puerto inmediatamente (o tras un límite de 24-48-72h? que establecían las leyes, pero luego intentaron retenerlo haciendo salir un mercante inglés que impedía que un barco beligerante pudiera salir de un puerto neutral tras ellos en menos de X horas. En fin, una historia real que ya quisieran muchas películas épicas o de thriller de hoy día tener como argumento. Una de las mejores historias de la 2ª guerra mundial y una de las que pueden “presumir” los alemanes (igual que la del auténtico Almirante Graf Spee de la primera guerra mundial).
Impresionante el artículo